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LA PIEL

El órgano más extenso del cuerpo humano: funciones, anatomía, pH y tipos de piel. Todo lo que necesitas saber para cuidarla mejor.

La piel es el revestimiento que cubre la totalidad de la superficie corporal. Su función principal es el aislamiento y protección del cuerpo frente a las agresiones externas: tóxicas, químicas, mecánicas, calor, frío, radiación ultravioleta y microorganismos patógenos.

Interviene también en la termorregulación, el mantenimiento del equilibrio de fluidos corporales y actúa como barrera ante la posible pérdida de agua.

Es también el órgano de relación con el entorno: exteriorizamos nuestro estado emocional por la piel, nos sonrojamos, palidecemos, nuestro pelo se eriza. En muchas ocasiones es también el lugar de expresión de alteraciones internas del organismo.

Conoce la anatomía de la piel y sus funciones

En la piel se distinguen tres capas bien diferenciadas, de fuera hacia el interior. Además, posee otras estructuras como pelo, uñas, glándulas sebáceas y glándulas sudoríparas.

La capa más externa de la piel, formada a su vez por varias capas. Actúa como barrera protectora del cuerpo frente a los agentes externos.

La epidermis está cubierta por el manto hidrolipídico, una mezcla de sebo y sudor producida por las glándulas sebáceas y sudoríparas. Esta emulsión es indispensable para mantener el grado de hidratación cutánea y confiere el aspecto suave de la piel.
El manto hidrolipídico hidrata la piel y actúa de barrera gracias a sus propiedades antifúngicas y bacteriostáticas, derivadas de su pH ácido (4,5–5,9).

Proporciona resistencia y elasticidad a la piel, siendo la estructura de soporte de la misma, nutriendo desde el interior las capas más externas de la piel y protegiéndola de daños externos. Alberga la mayoría de receptores táctiles.

A medida que pasan los años, la producción natural de elastina y colágeno disminuyen, por lo que disminuye la capacidad de la piel para retener agua, apareciendo las arrugas.

Los agentes externos como el sol, aceleran este proceso.

Se le conoce también como subcutis.

Sirve de almacén de energía, además de aislante térmico y de protector mecánico frente a golpes.

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¿Para qué sirve
realmente la piel?

Los diversos componentes de la piel trabajan en conjunto para desempeñar funciones esenciales para la vida.

Barrera protectora

Protege contra la invasión de microorganismos y agentes mecánicos, químicos y térmicos. Tiene capacidad de regeneración y cicatrización.

Termorregulación

Regula la temperatura corporal mediante la transpiración, la dilatación/contracción de vasos sanguíneos y la adaptación del vello.

Equilibrio hídrico

Contiene factores hidratantes naturales (NMF) que se fijan al agua y contribuyen a mantener la elasticidad y firmeza de la piel.

Protección UV

La melanina confiere color a la epidermis y protege de la radiación ultravioleta a los tejidos subyacentes.

Órgano sensorial

Capta sensaciones de tacto, calor, frío, presión y dolor, permitiendo interactuar con el medio ambiente.

Absorción y síntesis

Absorbe medicamentos tópicos y sintetiza vitamina D por acción de la radiación UV, clave en el metabolismo del calcio.

Sistema inmunológico

Las células de Langerhans captan antígenos y los transfieren a células efectoras de la respuesta inmune.

Eliminación

Elimina diversas sustancias a través del sudor y la secreción sebácea.

Función psicosocial

Una piel sana facilita la vida social y la relación con el entorno, favoreciendo la autoestima.

El pH de la piel

El pH es la medida del grado de acidez y se mide en una escala del 0 al 14. El pH de la mayor parte de la piel del cuerpo se sitúa en 5,5, aunque varía según la zona, el sexo y la edad.

El manto ácido de la piel nos protege gracias precisamente a la acidez del medio, desfavorable para los microorganismos. Si los valores suben a pH básico, el equilibrio se altera, la piel pierde agua y se deshidrata, alterándose la función barrera y produciendo prurito y dermatitis.

Cualquier cambio de pH que no sea compensado inmediatamente estimula la piel para producir más ácido para restablecer el equilibrio-el sistema buffer-La capacidad de neutralizar dependerá de la habilidad de las capas más profundas para enviar ácidos a la superficie.

Según la edad, los valores del pH desde el nacimiento hasta la pubertad son algo más alcalinos que en el resto de la vida. Hay un marcado aumento de la acidez a partir de la pubertad y nuevamente se ve una leve tendencia a la alcalinidad a mayor edad.

En general, el pH vaginal se sitúa entre 4 y 5, aunque es variable según la edad de la mujer y va ligado a los cambios hormonales que sufre a lo largo de su vida y del ciclo menstrual. En la niña hasta la pubertad y en la época de la menopausia de la mujer, el pH vaginal se sitúa alrededor de 7.

5.5

Piel normal

pH ideal de la mayor parte del cuerpo. Ligeramente más ácido en hombres que en mujeres.

4.5 – 5.9

Manto ácido

Rango del manto hidrolipídico. Inhibe el crecimiento de bacterias y hongos.

+5.9

Pliegues

Axilas, inguinales e interdigitales son más alcalinos y, por tanto, más vulnerables.

4.5

Zona íntima

pH vaginal, variable según la edad y los cambios hormonales del ciclo menstrual.

Factores que alteran el ph de la piel

Tanto los factores internos del organismo como los externos pueden alterar el pH fisiológico de la piel y comprometer su función protectora.

  • Factores genéticos
  • Cambios hormonales
  • Edad
  • Sexo del individuo
  • Zona del cuerpo
  • Lavados muy frecuentes y con agua muy caliente
  • Cambios de temperatura y humedad
  • Exposición a productos químicos
  • Cosméticos inadecuados o con pH básico
  • Polución y contaminación ambiental
  • Tabaquismo, consumo de alcohol y drogas
  • Exposición excesiva al sol o rayos UVA
  • Nutrición inadecuada
  • Falta de sueño
  • Estrés
  • Falta de ejercicio
  • Ciertas enfermedades
  • Ciertos medicamentos y tratamientos médicos

Un estilo de vida sano y la utilización de productos de higiene adecuados para cada zona del cuerpo ayudarán a mantener el pH natural y conservar íntegra la función protectora de la piel.

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Los diferentes tipos de piel

Conocer tu tipo de piel es el primer paso para elegir los productos de higiene y cuidado más adecuados.

Piel blanda

La que se encuentra en los párpados y zonas genitales. Especialmente delicada y sensible.

Piel gruesa

Se localiza en los labios, palmas de las manos y plantas de los pies. Estrato córneo muy desarrollado y color más amarillento por el alto contenido en queratina.

Piel delgada


Propio de mujeres y zonas cubiertas. Capa córnea fina, superficie uniforme y poros poco visibles. El dorso de las manos es especialmente delgado.

Piel tónica

La piel tensa y flexible, con buena capacidad de recuperación después de ser sometida a una deformación.

Piel flácida

Ha perdido elasticidad y capacidad de recuperación. La flacidez aumenta con la edad o aparece tras adelgazamientos bruscos.

Piel grasa

Presenta una mayor actividad de las glándulas sebáceas, lo que puede derivar en brillos, poros dilatados y mayor tendencia al acné.

Piel seca

Debida a una disminución del contenido en agua. Dificultad en la función barrera, tendencia a la descamación e incomodidad.

Piel normal

Con un manto hidrolipídico en equilibrio, con la cantidad de agua y lípidos necesaria. Aspecto saludable y uniforme.

Piel sensible

Umbral de tolerancia inferior al de la piel normal. Sufre sensaciones de calor, tirantez y enrojecimiento. Requiere productos específicos y formulaciones muy suaves.

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